Todos en alguna ocasión hemos demorado los proyectos profesionales o las tareas personales. Por definición, la procrastinación es la postergación intencional y habitual de una tarea a favor de otra menos importante. A pesar de que perjudica nuestra capacidad de ser proactivos, eficientes y productivos, muchos de nosotros solemos procrastinar de forma regular.

Las excusas más comunes para procrastinar incluyen:

  • No se tiene que entregar ahora
  • Funciono mejor bajo presión
  • La tarea es aburrida
  • La tarea es tediosa
  • No me siento motivado para hacerlo
  • Ahora ya es demasiado tarde

Los procrastinadores reales tienen tres características principales:

En primer lugar, ellos saben que tienen un problema y que necesitan tomar medidas al respecto. Sienten culpabilidad cada vez que piensan en las tareas que deben completar, porque reconocen que no están sopesando los problemas que implica postergar algo importante, frente a los beneficios de completarlo. Los procrastinadores suelen saber exactamente lo que hay que hacer, pero aun así siguen posponiendo las acciones que ayudarían a aliviar ese sentimiento de culpa.

En segundo lugar, los procrastinadores siempre prometen tomar medidas en algún momento indeterminado en el futuro y a menos de que haya una crisis relacionada con alguna tarea, seguirá postergándola de forma indefinida. En su diálogo interno generalmente utiliza la frase “tengo que” en lugar de “lo haré en tal tiempo”. Por ejemplo, mientras que un procrastinador se repite a sí mismo “necesito terminar lo del cliente de la junta” un individuo más orientado a objetivos dirá: “voy a terminar lo del cliente de la junta, el jueves al mediodía”.

En tercer lugar, los grandes procrastinadores a menudo tratan de terminar la tarea en relación con otra cosa. Esto hace que el retraso parezca racional y justificable. Por ejemplo, un procrastinador podría decir: “Voy a tomar esas vacaciones tan pronto como el ritmo de trabajo baje.” Por desgracia, para un verdadero procrastinador, el ritmo nunca bajará. En este escenario, la táctica de retardo es una excusa conveniente en lugar de una razón legítima para el retraso.

Cómo dejar de procrastinar

La procrastinación se puede superar, sin embargo, es necesario trabajar y comprometerse para reemplazar este hábito tan dañino con acciones y hábitos más saludables.

Identifica la causa del retardo. Para superar la procrastinación, es muy importante que averigües lo que te lleva a postergar tus tareas. En la lista de excusas que mencionamos anteriormente, identifica cuáles aplican para ti. Una vez que identifiques la causa, será fácil encontrar una solución.

Cambia tu actitud. Por lo general, la falta de entusiasmo y emoción, es lo que induce a una persona a ocuparse en tareas triviales en lugar de aquellas que son importantes. De hecho, es probable que tú estés utilizando un diálogo interno negativo para justificar tu procrastinación. Si tu diálogo interno consiste en aseveraciones como: “No sé ni por dónde empezar” o “Esta tarea es aburrida”, es probable que impacte negativamente en tus resultados.

Supera tus miedos. A veces postergamos una tarea porque tememos el resultado. Por ejemplo, puede suceder que alguien decida abandonar algún proyecto importante, porque la incertidumbre de lo que pueda ocurrir lo abruma o por miedo al fracaso. Si a ti te ocurre esto, lo mejor que puedes hacer es evaluar seriamente cuál sería el peor escenario posible al que podrías enfrentarte y si podrías vivir con ello. La mejor manera de superar los miedos es encarándolos y si lo haces, descubrirás que la mayoría de las veces el peor escenario posible, en realidad no es tan malo.

Elabora una lista maestra de procrastinación. Debes tener una imagen clara de lo debes hacer. Haz una lista de todas las cosas que estás postergando y analiza las diferentes áreas de tu vida. A lado de cada tarea demorada, estima el tiempo que tardarás en completarla. Algunas te llevarán sólo unos cuantos minutos, mientras que otras podrían tomar horas, días o incluso meses. Después de haber identificado las tareas pendientes y la cantidad de tiempo que tardarás en completarlas, ordénalas de acuerdo a su importancia.

Organiza un plan para completar las tareas. Una vez que hayas priorizado tus tareas, organiza un plan para cada proyecto y divídelo en tareas más pequeñas. Por ejemplo, si tienes una gran pila de libros para leer, puedes empezar por separarlos en pilas individuales. Lee una pila a la vez, abre cada libro y escoge en el índice los artículos que desees leer. A continuación, lee los artículos importantes que escogiste y guarda el libro. Por último, fíjate una meta para leer o revisar los artículos que no leíste y dedícales treinta minutos al día hasta que termines.

Actúa Ahora. Sólo hay una forma real de ganar la batalla contra la procrastinación y lo resume perfectamente Nike: “Just Do It!”. Digamos que tienes que escribir un artículo para el boletín de tu empresa y ello te tomará aproximadamente una hora. En este momento, tienes quince minutos antes de tener una reunión. Todavía puedes actuar ahora. En quince minutos, se puede armar un esquema del artículo. Durante otros quince minutos disponibles, puedes ampliar el esquema. Antes de darte cuenta, el artículo estará terminado.

Haz la parte más difícil de una vez. Si no te gusta hacer algo, estarás sufriendo cada vez más si lo sigues posponiendo. Hazlo de una vez por todas y así podrás respirar con gran alivio. Además si logras hacer lo que menos te gusta en tiempo y forma, vas a desarrollar un gran carácter y enfrentarás las dificultades en la vida con más facilidad.

Date un premio. Cuando concluyas una tarea que has estado postergando ¡disfruta de una recompensa! Las recompensas varían de persona a persona. Podría ser una bebida refrescante, una caminata por la playa o un viaje. Tal vez la mejor recompensa, sea la tranquilidad de saber que por fin has logrado concluir una tarea más de esa gran lista con la que te has comprometido.

No esperes más y rompe con el hábito de la procrastinación. Si lo consigues, te convertirás en una persona más eficiente, productiva y proactiva en la forma de manejar tu negocio y tu vida.